martes, 26 de julio de 2016

Ya no lloro

Tengo la cara mojada.
Pero no estoy llorando.
Te lo juro
- con los dedos cruzados a la espalda.
Llueve dentro de casa.
Dentro de nuestra casa.
Llueve sobre todo lo que somos.
Y sobre lo que podríamos haber sido.
Y sobre todo lo que te he querido.
Llueve y no son mis ojos.
Ay, pero qué ojos tan bonitos tienes.
A lo mejor no son tus ojos, sino cómo me miras.
A lo mejor te quiero.
A lo mejor solo quiero tus manos en mi cintura mientras yo miro a otro lado.
Y a lo mejor te duelen las manos de mirarme así.
Que si me tocas con los ojos me corro.
Y si llevamos tiempo sin corrernos juntos puede ser por mi culpa.
Pero.
Vivo en camas vacías,
sobre sentimientos sucios,
tras las lágrimas de un muerto.
Y no te quiero, pero nos quiero.
Hace un par de noches lloré tanto que he decidido no quererte más
- como si eso pudiera elegirse.
Y te juro que no estoy llorando.

domingo, 24 de julio de 2016

Ella

Y la vuelves a elegir a ella.
Aunque encuentres a otras que tengan sus mismos ojos.
Pero es que no hay ninguna que tenga sus mismos ojos.
Y la eliges de nuevo.
Empeñas el corazón. Y apuestas por ella.
Cierras los ojos y hueles su pelo.
No está.
Pero está.
Es imposible que no esté.
Siempre vuelve y nunca se ha ido.
Y te atas la venda a los ojos.
Y hablas idiomas que nunca has aprendido.
Y es por ella.
Siempre es por ella.
Ella con las manos frías.
Ella con tu corazón entre los dedos.
Ella simple. Ella bonita.
Y tú cojeando del corazón.
Con las venas rotas, que es como a ella le gusta.

Y en vez de cortar flores para ella, te entierras hasta el cuello para que te vea crecer.
Que es como a ella le gustas.

sábado, 7 de mayo de 2016

Soy

Soy los sedimentos de un acantilado. La tierra yerma donde crecen girasoles. Los nudos del tallo de una amapola que no huele.
Soy la niña que creció bajo la sombra de unos ídolos muertos. La misma que se bebió toda la tinta por el deseo de ahogarse. Y que resurgió de las cenizas de un ave fénix suicidado.
Soy lágrimas postizas. Soy la silueta de un espejo al que no quiero mirar. Y al que miro. Y al que le imploro clemencia mientras desgarro mi dermis con la punta de mis pestañas.
Soy la herencia de un mendigo. El saco roto del hombre que habita bajo las camas de las niñas que tienen miedo.
Soy una niña que tiene miedo.
Soy la tercera pata que cojea. La puerta que chirría. Las cadenas forjadas para ser arrastradas.
Soy todos los post-its  donde apuntas las cosas que no recuerdas. Soy todos y cada uno de ellos sin pegamento. Soy los post-its en el suelo.

Y me convierto entonces en la nevera vacía que nunca será llenada, porque se te ha olvidado comprar lo que había en aquellos malditos post-its.

miércoles, 13 de abril de 2016

No escribo por ti

Escribo por los que no tienen voz.
O por los que gritan y no se les oye.
Escribo por ti, por mí y por todos mis compañeros.
Por las ganas de dos besos donde no rocen las mejillas.

Suelto el ansia en un papel y lo cocino hasta que se quema.
Espero mientras desesperas.
Y te ahogo con la almohada de un niño que ya no tiene miedo a la oscuridad.
Te pongo un nombre que nadie sabe pronunciar.
Y justo donde duele tocamos la herida.
Nos ahogamos en un vaso de hielo
donde el líquido era alcohol.

Acolcho tu habitación mientras tú muerdes los muebles.
Y te sirvo un cubata tras la barra de ese bar donde no se llora
tan solo se espera.
Y qué poco te gusta esperar.
Porque quieres ser perfecto -
y a mí me gusta lo que se arranca;
no lo que se corta.

Te alteras.
Enloqueces.
Caminas por la sala.
"A ver cómo me (des)ahogo", (no) susurras.
Y me miro las manos.
Pero no hay platos rotos.
Y entonces te matas a puños con la pared.
Y entonces desangras tus principios.
Y entonces.
Entonces yo.
Entonces tú.

Lo observo todo desde el rincón más luminoso.
Paras. Me miras.
Veo a tus heridas enternecerse.
Y no puedes,
simplemente
no
puedes.
Y me abrazas tan fuerte que me asfixias.
Y me gusta,
porque siento que soy casa;
y los niños pierden así los miedos.

miércoles, 6 de abril de 2016

Mentiras

Vamos a (des)hacer mentiras:

- Dos más tres no son cinco: es un desastre.
- Los extremos no se tocan, simplemente nos dejan con el calentón.
- La hipotenusa no es el camino más corto si lo recorres entre espinas.
- Si cuentas hacia atrás deshaces el tiempo.
- Mezclar azul y amarillo nunca ha dado verde, pero te has creído el nombre de ese color.
- La tortuga no ganó sin drogar a la liebre.
- La objetividad no existe.
- No naces, no creces, no te relacionas, no te reproduces, no mueres.
- Más y más, es más. Pero también puede ser menos. Al igual que menos y más solo puede ser menos. Pero hay quien ha logrado que sea más. Y menos y menos es triste. Pero hay quien sonríe.
- Si te caes de rodillas, lo primero que apoyas son las manos.
- Los sellos siempre pegan por la parte que no es.
- El amor de tu vida no existe.
- Plutón es un planeta. 
- La tinta que te quede será inversamente proporcional a la cantidad de cosas que quieras escribir.
- El insecticida para las mariposas de tu estómago lo tiene él.
- Las cosas solo funcionan cuando las entiendes mal.
- La espuma de ese café y de aquella cerveza pueden ser la mejor almohada para tu peor caída.
- Si las miradas matan, mucha gente está ciega.
- Decir "sí" y "no" será la causa de una muerte prematura.
- Todos hemos muerto en las curvas de alguien.
- Nunca volverá de la lavadora una prenda con el mismo color con el que entró.
- Ni el verde es el color de la esperanza, ni el negro es el de la muerte.
- La letra más bonita no sale de un ordenador.
- Si miras hacia arriba en un acantilado, no sientes vértigo.
- Las nubes se pueden comer.
- Si cierras los ojos y los aprietas muy fuerte, puedes verte por dentro.
- El último beso nunca será el último.

martes, 5 de abril de 2016

En guerra

Tú, y yo.
Nunca más nosotros.
Nunca más un beso.
Nunca más dos ciegos.

Oigo tus cadenas,
las arrastras con orgullo.
La beligerancia aplaude;
de dos pueblos, muerto uno.

Ellos dispusieron nuestro campo de batalla.
Ellos colocaron las armas en tus manos.
Pero tú lanzas el golpe, lo conviertes en mortal,
y lo haces cortando mis venas en vertical.

Yo desnudo mi alma.
Tú embelleces tu coraza.
Yo me escondo en Venus.
Tú me buscas en Marte.

Irreconciliables nuestras similitudes.
Enemigas nuestras letras.
Acongojado nuestro amor.
Putrefactos nuestros cuerpos.

Ahora no hay quien nos llore,
no hay esperanza ninguna.
Nos condenan tus pecados,
y compartimos tumba.

Y si piensas que la sangre
con más sangre se cura,
busca allí donde los cuervos
van a cantarle a la luna.

lunes, 4 de abril de 2016

197

Cariño, ¿qué ha pasado durante el tiempo que no he estado?
Parecen siglos y no ha pasado siquiera un año.
Tú tan guapo como siempre,
yo tan perdida como nunca.
No sé qué hora es, y espero que a ti tampoco te importe.
Únicamente rezo para que no sea demasiado tarde;
yo, que soy atea de los dioses de otros.
Yo, que siempre he creído en los tuyos.
Tú.
¿Eres verdaderamente tú?
Te veo mezclar el agua y el aceite y me da por odiarte.
Te odio cuando rompes nuestros platos
y nos dejas comiendo con las manos.
No sé si te odio a jornada completa
o si te odio a ratos.
Pero sí sé que te odio porque.

¿Estás bien? Yo no.
Ya no lloro por las noches, ahora únicamente sonrío en ellas.
Me prometo a mí misma que quiero cumplirte a ti,
y vas y me dices que no te han llegado las ciento noventa y siete cartas que te he escrito.
Quizás me diste mal tu dirección,
quizás cambiaste de lugar tu corazón.
Y escribo la última
– siempre digo que será la última –
con la poca tinta que me queda.
Roja. Roja. Roja.

Se me corren los trazos,
lo siento.
Tengo tanto que decirte y me has dejado tan poco espacio…
Redención en una papelería.
Me pillo los dedos robando.
Me corto la lengua al cerrar el sobre.

Te odio, ¿me odias?
Y si digo que te quiero, ¿me responderías lo mismo?
Y si hago la maleta, ¿te vendrías conmigo?
Y si me dejo de “y si…”, ¿me los plantearías tú?
Dame un momento, pero no me dejes pensar.
Cojamos un diccionario.
No. Mejor escribamos el nuestro.
Escribámonos las cartas que no pueda leer el resto.

Dime, y ahora, ¿qué?

martes, 29 de marzo de 2016

Huesos

Una calavera y dos huesos cruzados me dan la bienvenida.
Me detengo y aprecio las preciosas hendiduras que la forman.
Mis dedos se mezclan entre ellas, y deseo romperme contra ese color.
Repaso todos y cada uno de los dientes colocados en la robusta mandíbula.
No lo pienso, me guío por necesidad. Arranco el colmillo y lo hago bailar entre las yemas de mis dedos.
Tres pasos. Diez más. Estoy dentro.
Huele a muerto. Inhalo fuerte. Cierro los ojos; ya sé que estoy perdida.
Lamo cada piedra que me encuentra.
Leo con detenimiento cada nombre, cada historia, cada fecha;
me excita.
Presiono el colmillo, lo clavo en mi carne, lo hago mío.
Y encuentro una puerta medio abierta. La atravieso sin mirar. Y de nuevo ese olor.
El pulso se me acelera.
Estoy nerviosa.
Escucho a esos malditos pájaros negros. Sé que me están mirando. Me juzgan. Hablan de mí.
Juro que no estoy loca.
No lo soporto.
Sé exactamente adónde ir. El silencio me grita.
Empujo el pesado granito. Y ahí está. Ahí debo estar.
Beso a la muerte. Me alío con ella.
Sonrío mientras me lamo la herida de la mano.
Aquí hasta que me encuentren
- no me busquéis, por favor.
Cerrad la puerta al salir.

¿Y el colmillo?
Me está rasgando las tripas.
No pediré morfina. ¿Me la darás?

Cierra al salir.

domingo, 27 de marzo de 2016

Fuego

Me creí arquitecto de nuestras nubes,
pero no te pensé capaz de hacer algodón de sal.
Y ahora mis vísceras se mueren,
porque el olor del fuego me obliga a rehuírte.
Evitarte.
Escaparme.
Librarme y liberarme.
Porque te hice mío, pero no quisiste hacerme tuya.

Te has pasado de la raya y nos hemos colocado todos.
Sobredosis.
Un hospital en llamas;
y alcohol para apagar las brasas.
Veintisiete heridos.
Dos muertos.
Disculpe, ¿para ir al infierno?
Y me perdí en el limbo de tus dioses.

Me has tirado las mismas piedras que un día lancé yo,
sin saber que en mi planeta un meteorito se hace vapor.
Tus modales ya no encajan.
1. Hay que pedir permiso para pasar.
2. No entrarás con los zapatos sucios.
3. No me levantes la voz.
Suspenso.
Me obligas a echar el cierre y a tirar la llave.

Quémate.
Arde.
Piensa en mí mientras lo haces.
Hazte polvo.
Hazte nada.
Escucha mi nombre en el viento que te hace prender.
Esparciré tus cenizas.
Donde nadie pueda jamás buscarte.

martes, 1 de marzo de 2016

¿Aprender? Para qué.

Estoy aprendiendo.
De verdad que lo estoy haciendo.
Estoy a base de hostias contra todas mis banderas.
Y las pienso quemar todas;
todas y cada una de ellas.
Pero no para colocar las tuyas,
sino para besarme con el viento.
Y luego desollarme las rodillas,
que mis manos ya han sangrado
suficiente - nunca es suficiente.
¿Me curas? ¿Nos lamemos las heridas?
Disculpa mi egoísmo, hoy me levanté como siempre
con el pie que no era nunca.
Pero tranquilo, no pienso olvidarme de ti.
Tengo todas tus cosas guardadas entre las sábanas.
Por si algún día decides venir a por ellas
- o por si me da por olerlas.
Y es normal, ¿sabes?
Todo el rollo ese de que nos queríamos.
Porque en realidad no queríamos querernos,
solamente que nos quisieran; y es que
así no puede ser.
Así no se puede.
O quizás uno de los dos sí podía,
pero ahora mismo no logro recordar quién era.
¿Y ahora qué más da?
Ah, que quizás siempre ha dado igual,
y llorábamos en sueños pensando que eran pesadillas.

domingo, 21 de febrero de 2016

Plan B.

¿Dónde te duele, amor?
Se te enfría el café, y el mío sabe demasiado amargo.
Pienso en ti.
Échale más azúcar. Te has pasado.
Perdón, no sé hacerlo mejor.
¿Has vuelto a romperme las medias?
Pero justo por donde a ti te gusta.
Te odio.
Te quiero.
No entiendes nada nunca.
Nunca lo entiendo.
¿Es que tengo que gritar?
Al oído, por favor.
Te esperaré en el momento menos adecuado,
justo donde nunca sé estar.
Y lo harás mal mil veces más.
Que sin ti no me sale aprender.
Me he cansado de enseñarte a pedir las cosas por favor.
A lo mejor nunca has sabido hacerlo bien.
No duelas, que nos matamos juntos.
Y así me quiero ir.
¿Es que no te cansas de hacerlo todo mal?
Tú tampoco.
¿Es que no te cansas de tener siempre la razón?
Yo nunca la tengo.
Aprendamos a conjugar los verbos
y luego hablamos del borrón que tracé para ti.

viernes, 19 de febrero de 2016

Líneas.

Paseo sobre líneas discontinuas que me rompen y nos cruzan,
y me he perdido en aquella que separa Felicidad de Tristeza.
Pero tus fotos ya no están. ¿Acaso estaban?
¿Cuánto tardan en curarse unos ojos?
Ah no, que hablábamos del corazón.
Y no me tiro por tus precipicios, nunca más.
Porque la norma era que conmigo o contra mí,
y a ti se te ha olvidado cómo escalar mi acantilado;
como se te ha olvidado ver lo que no hay.
Me dijeron: “déjalo, que vuele libre.
Hasta que se caiga – o remonte el vuelo –.”
Y yo respondo con silencios, para ser (in)justos.
Me da miedo, pero quiero.
Pero.
Quiero.
Los morros contra el suelo, y hago mis líneas continuas,
y mancho las tuyas con la saliva que me sobra.

sábado, 30 de enero de 2016

Mariposas.

Mariposas muertas. No son capaces de ser poesía.
¿Y dónde se han quedado todos esos besos?
Joder... he vuelto a llegar tarde.
Y perdimos los anillos justo donde los dejé.
Pero compraré los veinte que me debes [y aun así nunca será suficiente].
¿Por qué no soy igual de capaz de perder las llaves de tu casa?
Se me hiela la miel entre los dedos de los pies,
y entonces me olvido de todo.
De todo menos de.
No busques tres rayos en más ojos, te lo pido por favor.
A cambio te prometo que no lloro más.

Pero hablando de mariposas, algún remedio habrá, ¿no?