Y la vuelves a elegir a ella.
Aunque encuentres a otras que tengan sus mismos ojos.
Pero es que no hay ninguna que tenga sus mismos ojos.
Y la eliges de nuevo.
Empeñas el corazón. Y apuestas por ella.
Cierras los ojos y hueles su pelo.
No está.
Pero está.
Es imposible que no esté.
Siempre vuelve y nunca se ha ido.
Y te atas la venda a los ojos.
Y hablas idiomas que nunca has aprendido.
Y es por ella.
Siempre es por ella.
Ella con las manos frías.
Ella con tu corazón entre los dedos.
Ella simple. Ella bonita.
Y tú cojeando del corazón.
Con las venas rotas, que es como a ella le gusta.
Y en vez de cortar flores para ella, te entierras hasta el cuello para que te vea crecer.
Que es como a ella le gustas.
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