Me creí arquitecto de nuestras nubes,
pero no te pensé capaz de hacer algodón de sal.
Y ahora mis vísceras se mueren,
porque el olor del fuego me obliga a rehuírte.
Evitarte.
Escaparme.
Librarme y liberarme.
Porque te hice mío, pero no quisiste hacerme tuya.
Te has pasado de la raya y nos hemos colocado todos.
Sobredosis.
Un hospital en llamas;
y alcohol para apagar las brasas.
Veintisiete heridos.
Dos muertos.
Disculpe, ¿para ir al infierno?
Y me perdí en el limbo de tus dioses.
Me has tirado las mismas piedras que un día lancé yo,
sin saber que en mi planeta un meteorito se hace vapor.
Tus modales ya no encajan.
1. Hay que pedir permiso para pasar.
2. No entrarás con los zapatos sucios.
3. No me levantes la voz.
Suspenso.
Me obligas a echar el cierre y a tirar la llave.
Quémate.
Arde.
Piensa en mí mientras lo haces.
Hazte polvo.
Hazte nada.
Escucha mi nombre en el viento que te hace prender.
Esparciré tus cenizas.
Donde nadie pueda jamás buscarte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario