miércoles, 13 de abril de 2016

No escribo por ti

Escribo por los que no tienen voz.
O por los que gritan y no se les oye.
Escribo por ti, por mí y por todos mis compañeros.
Por las ganas de dos besos donde no rocen las mejillas.

Suelto el ansia en un papel y lo cocino hasta que se quema.
Espero mientras desesperas.
Y te ahogo con la almohada de un niño que ya no tiene miedo a la oscuridad.
Te pongo un nombre que nadie sabe pronunciar.
Y justo donde duele tocamos la herida.
Nos ahogamos en un vaso de hielo
donde el líquido era alcohol.

Acolcho tu habitación mientras tú muerdes los muebles.
Y te sirvo un cubata tras la barra de ese bar donde no se llora
tan solo se espera.
Y qué poco te gusta esperar.
Porque quieres ser perfecto -
y a mí me gusta lo que se arranca;
no lo que se corta.

Te alteras.
Enloqueces.
Caminas por la sala.
"A ver cómo me (des)ahogo", (no) susurras.
Y me miro las manos.
Pero no hay platos rotos.
Y entonces te matas a puños con la pared.
Y entonces desangras tus principios.
Y entonces.
Entonces yo.
Entonces tú.

Lo observo todo desde el rincón más luminoso.
Paras. Me miras.
Veo a tus heridas enternecerse.
Y no puedes,
simplemente
no
puedes.
Y me abrazas tan fuerte que me asfixias.
Y me gusta,
porque siento que soy casa;
y los niños pierden así los miedos.

miércoles, 6 de abril de 2016

Mentiras

Vamos a (des)hacer mentiras:

- Dos más tres no son cinco: es un desastre.
- Los extremos no se tocan, simplemente nos dejan con el calentón.
- La hipotenusa no es el camino más corto si lo recorres entre espinas.
- Si cuentas hacia atrás deshaces el tiempo.
- Mezclar azul y amarillo nunca ha dado verde, pero te has creído el nombre de ese color.
- La tortuga no ganó sin drogar a la liebre.
- La objetividad no existe.
- No naces, no creces, no te relacionas, no te reproduces, no mueres.
- Más y más, es más. Pero también puede ser menos. Al igual que menos y más solo puede ser menos. Pero hay quien ha logrado que sea más. Y menos y menos es triste. Pero hay quien sonríe.
- Si te caes de rodillas, lo primero que apoyas son las manos.
- Los sellos siempre pegan por la parte que no es.
- El amor de tu vida no existe.
- Plutón es un planeta. 
- La tinta que te quede será inversamente proporcional a la cantidad de cosas que quieras escribir.
- El insecticida para las mariposas de tu estómago lo tiene él.
- Las cosas solo funcionan cuando las entiendes mal.
- La espuma de ese café y de aquella cerveza pueden ser la mejor almohada para tu peor caída.
- Si las miradas matan, mucha gente está ciega.
- Decir "sí" y "no" será la causa de una muerte prematura.
- Todos hemos muerto en las curvas de alguien.
- Nunca volverá de la lavadora una prenda con el mismo color con el que entró.
- Ni el verde es el color de la esperanza, ni el negro es el de la muerte.
- La letra más bonita no sale de un ordenador.
- Si miras hacia arriba en un acantilado, no sientes vértigo.
- Las nubes se pueden comer.
- Si cierras los ojos y los aprietas muy fuerte, puedes verte por dentro.
- El último beso nunca será el último.

martes, 5 de abril de 2016

En guerra

Tú, y yo.
Nunca más nosotros.
Nunca más un beso.
Nunca más dos ciegos.

Oigo tus cadenas,
las arrastras con orgullo.
La beligerancia aplaude;
de dos pueblos, muerto uno.

Ellos dispusieron nuestro campo de batalla.
Ellos colocaron las armas en tus manos.
Pero tú lanzas el golpe, lo conviertes en mortal,
y lo haces cortando mis venas en vertical.

Yo desnudo mi alma.
Tú embelleces tu coraza.
Yo me escondo en Venus.
Tú me buscas en Marte.

Irreconciliables nuestras similitudes.
Enemigas nuestras letras.
Acongojado nuestro amor.
Putrefactos nuestros cuerpos.

Ahora no hay quien nos llore,
no hay esperanza ninguna.
Nos condenan tus pecados,
y compartimos tumba.

Y si piensas que la sangre
con más sangre se cura,
busca allí donde los cuervos
van a cantarle a la luna.

lunes, 4 de abril de 2016

197

Cariño, ¿qué ha pasado durante el tiempo que no he estado?
Parecen siglos y no ha pasado siquiera un año.
Tú tan guapo como siempre,
yo tan perdida como nunca.
No sé qué hora es, y espero que a ti tampoco te importe.
Únicamente rezo para que no sea demasiado tarde;
yo, que soy atea de los dioses de otros.
Yo, que siempre he creído en los tuyos.
Tú.
¿Eres verdaderamente tú?
Te veo mezclar el agua y el aceite y me da por odiarte.
Te odio cuando rompes nuestros platos
y nos dejas comiendo con las manos.
No sé si te odio a jornada completa
o si te odio a ratos.
Pero sí sé que te odio porque.

¿Estás bien? Yo no.
Ya no lloro por las noches, ahora únicamente sonrío en ellas.
Me prometo a mí misma que quiero cumplirte a ti,
y vas y me dices que no te han llegado las ciento noventa y siete cartas que te he escrito.
Quizás me diste mal tu dirección,
quizás cambiaste de lugar tu corazón.
Y escribo la última
– siempre digo que será la última –
con la poca tinta que me queda.
Roja. Roja. Roja.

Se me corren los trazos,
lo siento.
Tengo tanto que decirte y me has dejado tan poco espacio…
Redención en una papelería.
Me pillo los dedos robando.
Me corto la lengua al cerrar el sobre.

Te odio, ¿me odias?
Y si digo que te quiero, ¿me responderías lo mismo?
Y si hago la maleta, ¿te vendrías conmigo?
Y si me dejo de “y si…”, ¿me los plantearías tú?
Dame un momento, pero no me dejes pensar.
Cojamos un diccionario.
No. Mejor escribamos el nuestro.
Escribámonos las cartas que no pueda leer el resto.

Dime, y ahora, ¿qué?