lunes, 13 de octubre de 2014

Masoquista, puede ser.

La soledad me ha calado en los huesos.
He cortado un cuello resultando ser el mío; y ya no soy mi amigo, soy mi verdugo.
Y me arrastro y pinto el suelo con mi propia sangre.
Hoy me he resbalado y he caído en ningún sitio. Al mirar a mi tropiezo descubrí mi corazón apestando a formol, y supo chillarme por cortarle esos flecos que aún estaban de moda.
Acabo de entrar en una habitación que ya no es mi hogar, pues pinté las paredes con los ojos vendados y escogí mal el color. Ahora estas son grises, y pegan con mis pupilas.
Estoy llorando alfileres que se confunden entre mis pestañas. Les gusta clavarse en mis pecas, acuchillar mis mejillas y, finalmente, apuñalarme el corazón.
Ahora solo soy capaz de escuchar esa canción que sonaba a melancolía.
He roto los cristales de mis gafas hasta que han estallado en rojo. Con los ensangrentados pedazos he hecho atravesar al sol para que tiña de fuego todas mis banderas, porque ya no tengo mástil donde sujetarlas.
He dejado mis uñas crecer sólo para clavarlas en mis brazos, y las marcas de mi vergüenza me escupen a la cara con rencor.
Por más que me repito “chica, el daño que te estás haciendo no es normal”, no paro.

Y las cosas escritas duelen dos veces y yo soy muy masoquista. 

1 comentario:

  1. A veces la soledad y la tristeza nos devora. .. y nuestra unica respuesta es atormentarnos y sufrir.... pero tarde o temprano el dolor desaparecerá. ..
    Bss

    ResponderEliminar