Como hiedra seca, asesinada
por un áspero sol de verano.
Ceniza convicta en un
mortífero cigarrillo.
Piel pegándose a unos huesos
que hace tiempo se despidieron de la vida.
Burbujas de jabón derruidas,
rotas, rasgadas, extirpadas de su gas; y líquido elemento cayendo al suelo con
la violencia que los muertos en la guerra.
El sonido de la pólvora en unos
fuegos artificiales al estallar por primera vez, sin ser esperado, haciendo que
cierres los ojos al principio y luego todo sea fuego en tu mirada. Te hace
adicto a sus colores.
El chirrido de una puerta que
nadie ha movido.
Como el último beso, que sabe
a muerte.
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