viernes, 8 de noviembre de 2013

Somos débiles.

Tratamos de mostrar serenidad cuando nos tiemblan las piernas; necios de nosotros, que no somos capaces de abrirnos al mundo.
Quienes al notar un atisbo de soledad goteamos como rotas bolsas de frágil plástico.
Quienes desahogamos en ese primer beso un autodestructivo pensamiento.
Quienes no somos capaces de confiar ni en nuestra propia sombra, solo por tratarse de la figura de una mujer.
Pero, ¿quién iba a fiarse de un ser que puede alejarle del paraíso…? ¿Quién sería capaz de autodestruirse o de recrearse…? ¿Quién cambiaría por cristal el plástico que ya posee…? ¿Quién se taparía los oídos y no tiritaría…?

Y así, por humana debilidad, cargamos a nuestras espaldas con pervertidas verdades con las que deberemos convivir.
También lloramos cuando nos sentimos solos.
Nos asustan los verbos “morir” y “nacer”.

Y no olvidamos que Eva fue quien mordió la manzana.

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