domingo, 14 de abril de 2013

Mierda.

Mierda de vida, esto es así: vivir en un sin sentido, un par de caladas que vacíen unas cuantas falsas sonrisas que se esfuman con el humo, luego unos tragos a esa rubia, en la que ahogas lo que te pesa, pensando que así tus problemas disminuirán, pero sabiendo que tras ese último sorbo habrá la misma mierda de siempre. ¿Y luego? Luego se repite la misma historia, una y otra vez, como algo cíclico, algo a lo que te has adaptado, una nefasta costumbre que no te deja salir de ese círculo vicioso que es tu vida. 
Es difícil dejar algo a lo que te has acostumbrado, incluso sabiendo que es dañino, pues lo deseas, idealizas el momento de tenerlo. Vicios, adicciones, necesidades que nos creamos y que nos crean… A veces, tienes que darte cuenta de que eso que ansías, puede acabar consumiéndote. Sí, como se consume aquel porro entre los labios de ese infeliz. Y es lo que hay, un día tras otro sin sentido.

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