domingo, 14 de abril de 2013
Prueba.
¿Que suicidarse es de cobardes? Prueba a ponerte una cuchilla en la muñeca y a apretar... Cuando sientas tu vida fluir fuera de tus venas...
Mierda.
Mierda de vida, esto es así: vivir en un sin sentido, un par de caladas que vacíen unas cuantas falsas sonrisas que se esfuman con el humo, luego unos tragos a esa rubia, en la que ahogas lo que te pesa, pensando que así tus problemas disminuirán, pero sabiendo que tras ese último sorbo habrá la misma mierda de siempre. ¿Y luego? Luego se repite la misma historia, una y otra vez, como algo cíclico, algo a lo que te has adaptado, una nefasta costumbre que no te deja salir de ese círculo vicioso que es tu vida.
Es difícil dejar algo a lo que te has acostumbrado, incluso sabiendo que es dañino, pues lo deseas, idealizas el momento de tenerlo. Vicios, adicciones, necesidades que nos creamos y que nos crean… A veces, tienes que darte cuenta de que eso que ansías, puede acabar consumiéndote. Sí, como se consume aquel porro entre los labios de ese infeliz. Y es lo que hay, un día tras otro sin sentido.
Es difícil dejar algo a lo que te has acostumbrado, incluso sabiendo que es dañino, pues lo deseas, idealizas el momento de tenerlo. Vicios, adicciones, necesidades que nos creamos y que nos crean… A veces, tienes que darte cuenta de que eso que ansías, puede acabar consumiéndote. Sí, como se consume aquel porro entre los labios de ese infeliz. Y es lo que hay, un día tras otro sin sentido.
miércoles, 10 de abril de 2013
La respiración tornó a gemido.
Y entonces se le acercó
sensualmente, rozó sus labios contra su cuello, ascendiendo por él hasta llegar
a su oreja, y ahí susurró:
-Estoy caliente.
Entonces las palpitaciones de
él aumentaron, y con ello hizo notar su excitación. Ella continuó el camino de
sus labios por el cuello, pasando posteriormente por la mejilla y deteniéndose
en la comisura de sus labios. Y ahí, exhaló un suspiro profundo y dijo:
-Y cada vez más, quiero que me
lo hagas.
Comenzaron a besarse, se
amaron con pasión, sudaron, y así la respiración tornó poco a poco a gemido.
Sus manos recorriendo sus
calientes cuerpos, él en su pecho, ella bajo su abdomen, dándose placer el uno
al otro, sin pensar, sólo sintiendo.
lunes, 8 de abril de 2013
Cortes en los brazos, señal de malos tragos.
Sabes, me encantó esa
sensación. Sentí en mis manos el poder de acabar con algo pero, a la vez, un
repentino miedo se apoderó de mí. Bueno, a decir verdad no era miedo, para
nada, estaba tan decidida a hacerlo… Era más bien el dolor, sí, eso es lo único
capaz de frenarnos.
Ella corría lentamente,
rozando mi piel, rasgando algo que pensé que estaba muerto hacía ya tiempo. Pero
entonces, brotó una roja sonrisa en mi muñeca, y conforme mi rabia aumentaba,
ella parecía sonreír con más fuerza, como si estuviera mofándose de mí,
restándome fuerzas, pero no mis ganas.
Yo sabía que aquel plateado
pececillo deseaba recorrerme por dentro, y por eso le dejé hacerlo. Le ayudé
repetidas veces, las suficientes para que aquella insultante sonrisa comenzase
a llorar. Y a cada lágrima derramada, mi cuerpo perdía fuerza.
¿Que cómo terminó, preguntas? Aparté
a mi plateado amigo, y lamí los labios de la insolente sonrisa, sintiendo así
un alivio con el que por fin sonreí yo, apreciando la belleza de la hendidura resultante.
He de admitirlo, aquel
sangriento escenario me encantó. Nunca antes el color de la pasión había
llamado tanto mi atención, siquiera su sabor, que esta vez fue el más dulce de
todos.
Mi objetivo estaba cumplido. No
quería acabar con nada, sólo saber hasta dónde era capaz de llegar.
.
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