jueves, 15 de enero de 2015

Oda a la deshumanización.

Bolsillos hechos a la medida de sus manos
donde no resuena el sonido de los grilletes,
ni se huele el fétido aroma a óxido que emana
de los pequeños alfileres.

Las bocas están cosidas,
los huesos cubiertos por frías telas.
Son estériles monedas de cambio,
alimento del obeso.

¿A quién le duele el tacto del dinero?
¿Quién no ansía ser alfombra del poder?
¿Por qué condenar a quien me vende?
¿Por qué culpar al que solo busca mi pútrida belleza?

No, no lo intenten, no hay forma de pararlo.
Ironía.
Sentirse original por vestir a la moda,
cuando el valor lo tiene quien no
tiene vestido que lucir.

Y son las putas del dinero,
y son los siervos de las lágrimas de otro,
y son el más feo artilugio creado por el hombre.

Si está combatiendo, deje de combatir.

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