Lo primero en lo que te fijaste
de mí fue en mis tetas. Sí, aún lo recuerdo, tengo grabada tu mirada en ellas
el día que nos conocimos. Aunque nerviosa, no hice nada por tapar el provocador
escote, me gustaba gustarte. Me encantaban esos ojos con los que me desnudabas.
Seguro que en tu mente me veías recorriendo tu pasillo con mi nueva ropa
interior. Y lo mejor de aquello es que la situación me excitaba, empecé a tener
la necesidad de poder tenerte sobre mí, agarrándome con fuerza a tu espalda,
notar tu sudor cayendo por mi cuello…
No hay comentarios:
Publicar un comentario