Digo que me quedo con lo bueno.
Me quedo con la
impaciencia de unos besos a las cuatro y media de la mañana el primer día de
abril.
Me quedo con nuestra intimidad, de género risa.
También con que no te
conozco, pero me veo en ti; veo mi reflejo en la simplicidad de dos arcos
originales.
Veo en ti la curiosidad que hizo al gato enamorarse de la vida.
Y, al final, con lo que me quedo es con que has conseguido que vea, con los ojos
cerrados, cómo baila una gitana – y que disfrute de ello.
Me quedo con que
cuando quito veintiún pétalos a una margarita, me dice que me quieres – un poquito.
Me quedo
contigo.
Solo me queda decir que ojalá.
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