domingo, 29 de enero de 2017

Donde siempre

Estamos donde siempre, donde nos dejamos. En una huída continua hacia ningún sitio. Hacia uno contra el otro. Hacia un choque mortal de dos suicidas sentimentales.
Estamos demasiado perdidos para siquiera querer buscarnos. Y ya no nos miramos, o al menos no lo hacemos como solíamos hacerlo.
No me queda nada que darte. Absolutamente nada. Y cómo me alegro. Sonrío pensando que no me queda nada porque ya te lo di todo. Y mantengo la sonrisa cuando abro ese cajón en el que sigues guardando mis cosas. Objetos que siguen oliendo a mí; y a nosotros.
Nos faltan palabras. Nos sobran tripas. Y decido no hablar del tiempo por si vuelve a huir como hizo la última vez.
Años, muchos años. Tiempo suficiente para tenernos y no soltarnos; porque nunca hemos querido hacerlo.
Corrijo mis palabras, que es el único refugio que me queda: No he podido, No has querido, No nos has dejado… Demasiado.
¿Y si frenamos? Nunca ha sido una opción. Tampoco lo es ahora. (Creo). No lo será nunca. (Supongo). Y aun creyendo como ciertas las palabras que me has hecho tragarme tantas veces, sigo dudando.
Y ya no. No más.
Puntos suspensivos rellenan demasiadas hojas, y me niego en rotundo. Me niego a todo lo que lleve tu nombre.

Cierro el cajón, tiro la llave y te miro mientras la buscas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario