domingo, 21 de febrero de 2016

Plan B.

¿Dónde te duele, amor?
Se te enfría el café, y el mío sabe demasiado amargo.
Pienso en ti.
Échale más azúcar. Te has pasado.
Perdón, no sé hacerlo mejor.
¿Has vuelto a romperme las medias?
Pero justo por donde a ti te gusta.
Te odio.
Te quiero.
No entiendes nada nunca.
Nunca lo entiendo.
¿Es que tengo que gritar?
Al oído, por favor.
Te esperaré en el momento menos adecuado,
justo donde nunca sé estar.
Y lo harás mal mil veces más.
Que sin ti no me sale aprender.
Me he cansado de enseñarte a pedir las cosas por favor.
A lo mejor nunca has sabido hacerlo bien.
No duelas, que nos matamos juntos.
Y así me quiero ir.
¿Es que no te cansas de hacerlo todo mal?
Tú tampoco.
¿Es que no te cansas de tener siempre la razón?
Yo nunca la tengo.
Aprendamos a conjugar los verbos
y luego hablamos del borrón que tracé para ti.

viernes, 19 de febrero de 2016

Líneas.

Paseo sobre líneas discontinuas que me rompen y nos cruzan,
y me he perdido en aquella que separa Felicidad de Tristeza.
Pero tus fotos ya no están. ¿Acaso estaban?
¿Cuánto tardan en curarse unos ojos?
Ah no, que hablábamos del corazón.
Y no me tiro por tus precipicios, nunca más.
Porque la norma era que conmigo o contra mí,
y a ti se te ha olvidado cómo escalar mi acantilado;
como se te ha olvidado ver lo que no hay.
Me dijeron: “déjalo, que vuele libre.
Hasta que se caiga – o remonte el vuelo –.”
Y yo respondo con silencios, para ser (in)justos.
Me da miedo, pero quiero.
Pero.
Quiero.
Los morros contra el suelo, y hago mis líneas continuas,
y mancho las tuyas con la saliva que me sobra.