Bolsillos hechos a la medida
de sus manos
donde no resuena el sonido de
los grilletes,
ni se huele el fétido aroma a
óxido que emana
de los pequeños alfileres.
Las bocas están cosidas,
los huesos cubiertos por frías
telas.
Son estériles monedas de
cambio,
alimento del obeso.
¿A quién le duele el tacto del
dinero?
¿Quién no ansía ser alfombra
del poder?
¿Por qué condenar a quien me
vende?
¿Por qué culpar al que solo
busca mi pútrida belleza?
No, no lo intenten, no hay
forma de pararlo.
Ironía.
Sentirse original por vestir a
la moda,
cuando el valor lo tiene quien
no
tiene vestido que lucir.
Y son las putas del dinero,
y son los siervos de las
lágrimas de otro,
y son el más feo artilugio
creado por el hombre.
Si está combatiendo, deje de
combatir.