¿Qué es perder? Para un ludópata es no ver un montón de
luces y sonidos en una inerte máquina. Para un optimista es no tener la
oportunidad de tener una sonrisa al día. Para un rico es no poder saciarse con
algún bien material. Para un rockero es no asistir a aquel ansiado concierto
que da ese mítico grupo. Para un niño es llegar el último a la fila y quedarse
sin merienda. Y, ¿para un pobre? ¿Qué significa perder para aquel que no tiene
nada? Quizás es una alegría, pues tras tocar el más frío suelo, no puedes
llegar a algo más bajo. A lo mejor se trata de acostumbrarse, de no sentir, no
ver, no oír, no saborear, no oler… carecer de aquello que le hace persona.
¿Se plantea alguien lo que es perder para aquel que está
muerto? O, mejor aún, ¿sabemos realmente lo que es estar muerto? Morir puede ser
dejar de respirar, de pensar, de tener la calidez que nuestra sangre fluyendo
nos proporciona, servir de alimento para otros, acabar siendo un simple
recuerdo en un triste cajón… Sin embargo, se pueden morir de muchas formas. Incluso
aun muriendo, podemos seguir vivos. O, por el contrario, estando vivos podemos
formar parte del mundo de los difuntos.
Mueres cada vez que dejas un beso sin dar, cada vez que
cierras los ojos al dormir y no tienes en quien pensar, cada día que tu
motivación al levantarte no es algo que haga al mundo un lugar mejor. Cuando no eres más que alguien ocupando un espacio, cuando la
sociedad te convierte un número más y te sometes, no crees en un azar, un
destino; cuando necesitas que te pellizquen para saber que estás viviendo una
realidad y no un sueño. También cuando al salir no pierdes la cabeza, no eres
ese del que se nota su ausencia, cuando al hacer una maleta nadie sabe de dónde
vienes ni adónde vas.
Vivir es mucho más complicado, es una cuesta arriba
continua. Es ser lo suficientemente valiente como para morir. Es dejar un vacío
cuando te vas, es ser el motivo de las lágrimas más saladas de los demás, es
ser un bonito recuerdo en el más oscuro y lluvioso día. Es aquel hueco en la
cama que nadie podrá llenar nunca, o incluso ser ese sitio en el armario que no
serán capaz de ocupar con otras cosas que las tuyas. Vivir es escribir, morir,
y que te sigan leyendo.